viernes, 24 de agosto de 2012

AeG - Capítulo 00 Encuentro

AeG significa Amor en Guerra. Es una historia que cree, en parte basada en mis fracasos amorosos, he disfrutado mucho escribirla. Y espero que te pueda ser entretenida. Sé que no es perfecta, y espero algún día poder perfeccionar la. Muchas gracias por leerla. 


Capítulo 01
Encuentro

Sólo era una visita de rutina, no había necesidad de ser tan exhaustivos con ello. Pero aún así el escuadrón 23 tuvo que revisar cada parte de la pequeña localidad, un lugar abandonado, obviamente ahí no podría haber un ser vivo, mucho menos un rebelde. De repente un compañero gritó, al parecer había algo anormal en la cueva, quizá fuera un animal. El jefe del escuadrón entró y descubrió que sólo había una niña pequeña. Intentaron interrogarla, pero no respondió, en las condiciones que estaba se notaba que moriría pronto. Suspiró, no tenía tiempo que perder, distraídamente le ordenó al soldado de menos nivel que se deshiciera de ella y los alcanzará después. El escuadrón se fue retirando de modo que sólo quedaron ellos dos.
— ¿Cuánto tiempo tienes que estás aquí? — preguntó.
Ella lo miró por un rato y con una voz débil respondió.
— No lo recuerdo...
El soldado se sorprendió que hablará, volteó la vista para asegurarse que nadie los observará. Se puso de rodillas y se acercó a ella.
— No tienes que morir, quédate aquí, intentaré traerte comida hasta que pueda rescatarte.
El soldado le dio parte de las provisiones que tenía y disparó a una roca. Después se retiro e intento ocultarla con ramas. La chica se quedo dormida.


Habían pasado sólo unas horas cuando él volvió. La chica todavía estaba ahí, y espero a que la encontrará, no estaba vestido con su uniforme sino con ropa negra.
— Hola, de nuevo, tengo una pregunta ¿por qué sólo me hablaste a mí? — dijo mientras se sentaba.
La chica lo miró y respondió.
— Había algo en los demás que no me agrada.
Hubo un silencio, él sacó un suéter de su mochila y se lo entregó. La chica iba vestida con un vestido blanco y no tenía zapatos, su aspecto era bastante descuidado.
— ¿No tienes familia? — preguntó el joven intentando hallar una solución.
— Sí, me dijeron que los esperará — dijo mientras se ponía el suéter.
— Si te quedas aquí morirás.
Estaba comenzando a hacer frío y el soldado sabía que tenía que volver a la base antes de que notaran su ausencia, pero no podía dejarla ahí.
— Vendrás conmigo —se levantó de su asiento y le dio la mano.
La chica se quedo en silencio, no sabía quién era ella, pero notaba cierta calidez en el joven. Ella también sabía que moriría si se quedaba, no quería causar problemas, parecía que él no se iría sin ella así que decidió acompañarlo.
Caminaron por varios kilómetros hasta llegar a lo que parecía un edificio que era usado como base militar por los vehículos y armas que existían ahí. El chico se movía por los corredores en silencio, hasta que llegaron a una puerta, con una llave entró, prendió la luz, y pudo observar que había una cama con un pequeño escritorio, un armario y una ventana encima de la cama. Él se sentó y le ofreció algo de pan que tenía en la mesa.
— Pronto amanecerá, dime ¿cómo te llamas? —dijo mientras se quitaba su abrigo.
— No lo sé...
— Bueno, te llamaré Luz, tendrás que quedarte aquí unos días. Me llamo Demian —se quitó sus botas y las puso en el armario— puedes dormir en la cama, yo dormiré en el piso.
Enseguida sacó una manta que coloco en el suelo, ella se acostó en la cama, y Demián apagó las luces, ella podía observar a través de la ventana como una estrellaba brillaba en el cielo.


Habían pasado unas semanas, Demián salía todas las mañanas a cumplir sus labores, y ella se quedaba en el cuarto. Una vez le trajo un uniforme de una cocinera que trabaja en la base, entonces ella salía fingiendo que trabaja ahí, después regresaba al cuarto y esperaba que Demian llegará, podían pasar días sin que lo viera. Pero Luz sabía que algo raro estaba pasando. Cada día lo extrañaba más, cada día lo conocía más. Demian solía quedarse hasta tarde estudiando un libro de Alquimia. Ella se quedaba en la cama dibujando en una libreta que le había regalado. A veces incluso los dibujaba juntos. Él le decía que pronto hallaría una forma de que se pudiera ir, le hablaba de un pueblo que estaba cruzando el bosque y le decía que cuando llegará podría ser libre. Él no solía hablar mucho de sí mismo, pero cuando lo hacía sólo decía que estaba solo. Casi no lo veía sonreír. Algunas veces cuando ella trabaja sirviendo en la cocina, veía como las chicas se le acercaban y él se mostraba frío.  Sus compañeras le decían que era el soldado más apuesto de toda la base y que dejará de mirarlo.
Demian siempre dormía en el suelo, y ella en la cama. Él decía que así estaba bien. Una vez salió a recolectar madera para la cocina y encontró una rosa, pensó que era muy bella, así que cuando Demian llegó se la dio. Él la ignoro y siguió leyendo. Luz no sabía porque pero empezó a llorar.
Los días seguían pasando, pero Luz sentía que pronto lo perdería.


— Eh, Demian, ¿te gusta mirar la  luna? — dijo mientras estaba en la cama viendo a través de la ventana.
— Es hermosa, pero es una pérdida de tiempo — respondió mientras continuaba su lectura.
Ese día había mucho silencio, casi un tercio de los soldados se habían ido en una misión de exploración.
— ¿De qué trata tu libro? — preguntó Luz mientras lo veía — Nunca me has dejado mirarlo.
— Es un regalo de mi padre, con el tiempo podré ser un gran alquimista como lo fue él — dijo sin mirarla.
— ¿Cuándo me vaya te volveré a ver? — dijo Luz pensando en el día en que se tendría que ir.
— No lo creo, yo soy un soldado y es probable que me transfieran, de todos modos no importa — respondió.
Él se quedo pensando, y cerró su libro. Volteó la silla para mirarla. No sabía mucho de ella, pero parecía que estaba sola en el mundo, no sabía qué edad tenía pero podría ser de su edad.
— ¿Por qué estabas en esa cueva? — dijo intentando averiguar más.
— Mis padres  me dejaron ahí, dijeron que no saliera sin importar lo que escuchará, nos estaban persiguiendo, y los esperé, pero nunca volvieron — respondió pensativa.
— Lo más probable es que los hayan matado — dijo recordando que por esos días, asesinaba a todo aquel que se opusiera al imperio— ¿No tienes a nadie más?
— Bueno, te tengo a ti — dijo ella ruborizándose.                        
Él se quedo perplejo ante esa respuesta, a veces se cuestionaba si debió de haberla salvado, sin saber que responder se volteó y volvió a abrir el libro. No volvieron a hablar por esa noche.


El tiempo seguía pasando, cada vez Demián se incomodaba más con Luz. Es decir, la tenía que proteger a toda costa ¿no? Pero había cosas que no podía explicar, por ejemplo su enojo cuando un soldado le coqueteaba. Claro que él nunca lo mostraría.
También su forma de llamar su atención, cada vez hacía que se distrajera más, era desesperante, antes podía estar toda la noche estudiando y ahora, eventualmente charlaba con ella.  
En el trabajo tenía que estar más concentrado, cada vez los rumores de que se acercaba un ejército enemigo eran más notorios, sabía que si eso llegase a suceder podría ser la oportunidad de escapar de Luz, y eso, lo hacía ponerse triste.
Finalmente, se confirmo el próximo ataque del ejército enemigo, no había fecha, pero habían ordenado a todas las unidades no abandonar la base.



Luz estaba jugando con su peluche favorito que le habían regalado. Cuando vino Demian sonrió. A él se le había hecho un nudo en la garganta, le dijo lo más formal que pudo:
— Soldado, es hora que te vayas. En unas horas serán evacuados todos los civiles, con ellos podrás llegar a la ciudad y hacer tu vida. Fue un placer conocerte.
Luz se quedó en silencio, sabía que algún día esto pasaría, se levantó y se hecho en sus brazos. Estaba llorando, se quedaron así un tiempo en un silencio acusador. Él se dio cuenta que era tiempo de irse, le besó la mejilla y se fue. Cerró la puerta, y detrás de ella, por primera vez lloró.



Demian estaba en primera fila, se esperaba que el ataque fuese de noche, todos los civiles en la base se habían ido, y Luz con ellos. Para siempre.
Entonces vio una mancha que se acercaba, como una multitud. Iba a apresurarse a avisar a los demás cuando volteó estaba ella. Pero ¿cómo?
— Lo siento, no me pude ir... yo...te... quiero... y ... quiero estar a tu lado...
Se enojó, después de haberla cuidado tanto tiempo se había quedado como acto suicida, y a la vez, estaba sonriendo como idiota. Sabía que tenía poco tiempo, quizás una sola oportunidad. Tenía que hacer algo estúpido, sabía que era la manera de que saliera de ahí, pero antes le diría lo importante que era para él.
— Luz...
Ella lo miraba con curiosidad y algo de miedo.
— Este es el adiós, sé feliz en tu nueva vida, me hubiera gustado ser más dulce contigo, yo también te quiero.
Ella sonrió, él saltó directamente hacía el ejército enemigo. Sabía que lo matarían y ...
 Al siguiente día la batalla había terminado.
Después de varios años, se conservaba una lápida con el nombre de un soldado que había saltado a la batalla con una sola arma, y se había dado cuenta de la trampa que les habían tendido, el enemigo que se acercaba eran en realidad sus refuerzos, la fuerza enemiga había cambiado los mensajes para hacerlo parecer una advertencia, esperar que ellos se atacarán entre sí mismos y finalmente exterminarlos antes de que se dieran cuenta del error. Gracias al soldado, no hubo un gran daño y ganaron. Ese soldado fue condecorado y hecho un héroe, nunca se pudo saber porque había hecho esa acción.
Sin embargo, a ciertos kilómetros de la base, se encontró los restos de lo que parecía ser una joven, donde yacía florecían rosas que no se han encontrado en ningún otro lugar. 

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